Bienvenidos al XIII Congreso Internacional de Turismo Religioso y al I Encuentro Boliviano de Turismo Religioso una oportunidad para compartir con nuestros posokas (visitantes) el rico legado socio cultural y religioso de nuestra Misión Jesuítica, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad; como también de exaltar el carácter emprendedor de nuestra gente, que hoy proyectan a nuestro Municipio como modelo de Gestión Pública, reconocido como Municipio Escuela.

CTRB



Dr. Germain Caballero Vargas
Alcalde de San José de Chiquitos
Santa Cruz, Bolivia.


CTRB



Rubens Barbery Knaudt
Presidente del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD)


La realización de doce congresos anteriores nos da el marco para comprender la importancia de analizar un sector del turismo que según la OMT está en permanente crecimiento. Con más de 300 millones de turistas al año que se desplazan por motivos religiosos y que generan aproximadamente $us. 18.000 millones de ingresos, se hace evidente analizar conceptos como competitividad, productividad, calidad del producto, cadenas productivas, apertura de mercados, entre otras variables, que indiscutiblemente deben asociarse a la participación e inclusión de actores y espacios territoriales con miras al cumplimiento de las Objetivos de Desarrollo Sostenible. El turismo en general y el religioso en particular, adquieren importancia como actividad económica y como instrumento de desarrollo que democratiza la generación de ingresos.

El turismo religioso aprovechado de forma inteligente y sostenible es un instrumento que puede poner en valor intangibles como la identidad, lo auténtico, lo exótico, lo diferente, lo originario, los usos y costumbres, y en el caso de las Misiones Jesuíticas de Chiquitos demuestra la Cultura Viva de su gente. La puesta en valor de estas variables, comprendidas y gestionadas adecuadamente, sin exclusiones sociales, se transforma en el incentivo económico necesario para la conservación y la sostenibilidad del patrimonio material e inmaterial.

La tendencia del turismo a nivel mundial, con consumidores cada vez más informados gracias a las ventajas que las nuevas tecnologías ofrecen, obligan a que lo ofertado sea percibido como autentico, valorando otros criterios que van más allá de los servicios tradicionales. Criterios de calidad en servicios, empapados con originalidad, identidad, dinámica participativa, entre otros, comienzan a perfilarse como variables que hacen apetecibles los destinos turísticos. En Bolivia, la diversidad cultural, geográfica y social, permite abrirnos a ese mercado turístico que quiere lo auténtico, escenario donde lo local adquiere un protagonismo indiscutible.

La riqueza de las comunidades, con sus tradiciones, usos y costumbres, la presencia de entidades públicas con competencias y recursos que apuestan al turismo como factor de desarrollo sostenible, la apertura de espacios de participación, coordinación e inclusión, se traducen en avances institucionales de la democracia boliviana y se transforman en variables facilitadoras para generar desarrollo económico local que empiezan a ver sus frutos. Las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, esa que aún no ha develado la totalidad de sus encantos, encuentra en el turismo religioso y sustentable la posibilidad de abrirse al mundo, mostrando su mejor faceta, lo propio, lo auténtico…otro mundo.

En este XVIII Congreso Internacional de Turismo Religioso y Sustentable y durante el I Encuentro Boliviano de Turismo Religioso, encontraremos el escenario ideal entre actores públicos y privados para encontrar alternativas que permitan potenciar los productos que el País tiene, además de aprender de experiencias internacionales que ya tienen un camino avanzado y que se nos abre generosamente.

Como institución co-organizadora agradecemos la oportunidad que se nos brinda y damos la más cordial bienvenida a este territorio mágico de las Misiones Jesuíticas Chiquitanas, ese que también es suyo.

Chapie.


Historia de las Misiones Jesuíticas
En la Chiquitanía se conservan las misiones jesuíticas bolivianas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1990, las únicas misiones que desde su fundación siguen manteniendo viva la cultura misional en América del Sur. Según los historiadores las poblaciones de San Javier, Concepción, San Ignacio, San Miguel, San Rafael, Santa Ana, San José y Santiago de Chiquitos fueron escenario de una experiencia social, cultural y religiosa que no ha vuelto a repetirse en la historia: las Misiones Jesuíticas. Esta orden religiosa fundó y desarrolló bajo su directa tutela poblaciones de aborígenes durante más de un siglo, preservando a sus habitantes del tremendo impacto de transformación vital que impuso la Conquista. Tras el deterioro de aquellas reducciones, sólo quedaron restos materiales de su esplendor, realizaciones tangibles de una forma de vida propia de las utopías renacentistas: iglesias, portales, retablos, púlpitos, imágenes, galerías, casas, plazas, todo un inventario de un valor artístico imponderable, que ha pasado siglos expuesto a las inclemencias de la Naturaleza y del descuido humano. Muchos de estos monumentos históricos, que se encontraban en avanzado estado de deterioro, se han salvado para la posteridad con la oportuna restauración iniciada por los Vicariatos de Chiquitos y Ñuflo de Chávez. Sin embargo el escenario de las Misiones, lo que hoy empieza a popularizarse en términos turísticos como “El Circuito Chiquitano” fue desde hace varios siglos el gran bastión histórico de la cruceñidad, la avanzada de frontera de la colonización española hacia el Oriente, la ruta evangelizadora que franciscanos y jesuitas abrieron en la selva y la sabana cruceña para la gloria de Dios. Los bellos pueblos Chiquitanos que hoy florecen alrededor de sus plazas fundacionales, iglesias y campanarios, plenamente integrados a la dinámica del desarrollo regional, fueron misiones autosuficientes, donde los padres y los indígenas reducidos realizaron uno de los más sorprendentes experimentos sociales del Nuevo Mundo. Si hablamos de la evangelización jesuítica en chiquitos, se conoce que hacia 1652 llegaron los primeros jesuitas a Santa Cruz de la Sierra. Entre 1691 y 1760 los jesuitas fundaron diez reducciones en tierras Chiquitanas. El trazado de estas misiones giraba en torno a una gran plaza, en uno de cuyos ejes se levantaba un majestuoso templo. Hábiles manos indígenas trabajaron adecuadamente las maderas preciosas que abundaban en la zona. La estética indígena se combinó con la europea de los padres; el resultado fue una magnífica obra de arte barroco mestizo. Los magníficos templos, el trazado urbano original, la artesanía, la música, el folklore, son el legado cultural que hoy nos asombra. Una corriente de revalorización cultural se ha hecho presente en forma cada vez más insistente y tenaz, convocando la atención internacional en el espacio histórico Chiquitano, donde hoy asistimos a un renacer arquitectónico y artístico que convierte a las misiones en el gran patrimonio histórico cruceño compartido con el mundo entero. Los recientes hallazgos de manuscritos musicales en las misiones de Santa Ana y San Rafael, revela el lugar privilegiado que ocupaba la música en la vida de las Reducciones. Mientras se restauraban los hermosos templos de las Misiones Jesuíticas, miles de partituras musicales fueron encontradas, las cuales son ahora parte de los Archivos Musicales de Chiquitos y Moxos, hojas de música sacra escrita entre los siglos XVII y XVIII, tanto por músicos europeos como por los indígenas de la zona y que fue interpretada cotidianamente en estos pueblos hasta mediados del siglo XIX. Este material se da a conocer a través de lo que ahora se conoce como Festival de Música Barroca de América de la Misión de Chiquitos, evento especializado que consta de la presencia de músicos de todas partes del mundo realizando conciertos inolvidables que se llevan a cabo en Santa Cruz de la Sierra y en las iglesias de San Javier, Concepción, San Ignacio, San Miguel y otros. Se lleva a cabo por 10 días corridos entre los meses de abril y mayo cada dos años. Se han recobrado más de 5.000 piezas musicales que se han convertido en la más grande colección de música barroca indígena de Sud América.


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